AL TERMINAR EL AÑO

la mañana del 31 , delante del árbol de Navidad de la parroquia le daba gracias a Dios por todas las luces del 2018, pero también por las sombras que han dado más brillo a estas. Solo pedía ser de los que alumbra, no de los que brilla, de los que indican el camino, siempre hacia arriba -como los árboles-, no de los que confunde o retuerce la realidad.

Y al ver los frutos colgados del árbol de tantos colores y formas solo quería que, aunque pesen y se me cansen las ramas, no fueran obra mía, como la decoración de este año -gracias familia Montalvo- sino fruto del trabajo de todos. Que a mi lado crezca la vida, y no que se seque. Que nadie se quede pequeño a mi lado, sino que juntos parezcamos un bosque al que puedan venir muchos más a anidar y a criarse. Feliz año nuevo, amigos

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