LAUDES VIERNES SANTO

LAUDES

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo…


Himno
¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! 
Jamás el bosque dio mejor tributo 
en hoja, en flor y en fruto. 
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza 
con un peso tan dulce en su corteza! Cantemos la nobleza de esta guerra, 
el triunfo de la sangre y del madero; 
y un Redentor, que en trance de Cordero, 
sacrificado en cruz, salvó la tierra. Dolido mi Señor por el fracaso 
de Adán, que mordió muerte en la manzana, 
otro árbol señaló, de flor humana, 
que reparase el daño paso a paso. Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida, 
y que el Amor redima la condena!» 
La gracia está en el fondo de la pena, 
y la salud naciendo de la herida. ¡Oh plenitud del tiempo consumado! 
Del seno de Dios Padre en que vivía, 
ved la Palabra entrando por María 
en el misterio mismo del pecado. ¿Quién vio en más estrechez gloria más plena, 
y a Dios como el menor de los humanos? 
Llorando en el pesebre, pies y manos 
le faja una doncella nazarena. En plenitud de vida y de sendero, 
dio el paso hacia la muerte porque él quiso. 
Mirad de par en par el paraíso 
abierto por la fuerza de un Cordero. 

Al Dios de los designios de la historia, 
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza; 
al que en la cruz devuelve la esperanza 
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

Primer Salmo

 Antífona: Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas  sabiduría.
Rocíame con el  hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces  aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo…

Antífona: Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.
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Antífona: Jesucristo nos amó y nos ha librado de nuestros pecados por su sangre.

Señor, he oído tu fama, me ha impresionado tu obra.
En medio de los años, realízala; en medio de los años,
manifiéstala; en el terremoto, acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán; el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día, su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo, a salvar a tu ungido;
pisas el mar con tus caballos, revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se  estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas al andar; gimo ante el día de angustia
que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas y las viñas no tienen fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna y los campos no dan cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil y no quedan vacas en el establo,
yo exultaré con el Señor, me gloriaré en Dios, mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.

Gloria al Padre, y al Hijo…

Antífona: Jesucristo nos amó y nos ha librado de nuestros pecados por su sangre.
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 Antífona: Tu Cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos;
por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten; sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo…

Antífona: Tu Cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos;
por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

Lectura Bíblica

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.

Antífona: Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.


Cántico Evangélico

 Antífona: Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos.»

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo… 

Antífona: Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación:
«Jesús el Nazareno, el rey de los judíos.»

Preces

Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle diciendo: Señor, ten piedad de nosotros

Señor y Maestro nuestro, que por nosotros te sometiste incluso a la muerte, enséñanos a someternos siempre a la voluntad del Padre

Tú que, siendo nuestra vida, quisiste morir en la cruz para destruir la muerte y todo su poder, haz que contigo sepamos morir también al pecado y resucitar contigo a una vida nueva

Rey nuestro, que como un gusano fuiste el desprecio del pueblo y la vergüenza de la gente, haz que tu Iglesia no se acobarde ante la humillación, sino que, como tú, proclame en toda circunstancia el honor del Padre

 Salvador de todos los hombres, que diste tu vida por los hermanos enséñanos a amarnos mutuamente con un amor semejante al tuyo

Tú que al ser elevado en la cruz atrajiste hacia ti a todos los hombres, reúne en tu reino a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo

 Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor: Padre nuestro…

Final

Mira, Señor de bondad, a tu familia santa, por la cual Jesucristo, nuestro Señor, aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

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